Juan Manuel de Prada, el defensor a ultranza de los controladores

Sólo con la ayuda de un psiquiatra o de un consumado analista de los sueños se puede uno acercar a las secretas motivaciones que impulsan a Juan Manuel de Prada a hacer las declaraciones que hace, del tenor de “esta nación de zorros en la que nadie se inmuta si se deja sin subsidio a los parados , pero si se les deja sin avión…” muy en la línea, desde luego, de la de otro triste provocador, ese otro engendro de Satanás que es el orondo Sostres que también acaba de decir que “este país se concentra en los puentes y en no trabajar. La única manera de conservar tu puesto de trabajo es trabajar y trabajar más. ¿Días para asuntos personales? La gente normal trabaja y en época de crisis más. No hemos venido al mundo a descansar, a pasar los veranos, hemos venido a trabajar.”
Sólo a los muy versados en los temas oníricos les será dada la facultad de interpretar el pensamiento de De Prada, cuya primera obra relevante fue Coños , seguida de La tempestad (1997), Premio Planeta y La vida invisible (2003), Premio Primavera de Novela y el Premio Nacional de Narrativa , una obra literaria exitosa acompañada de escritos menores con los que intenta explicar su ideología religiosa expresada por él mismo así:“ A través de la literatura o de cualquier expresión artística, el hombre se revela más que nunca imagen de Dios. El hombre participa de esa capacidad creadora del Dios del Génesis. El acto de crear es en sí mismo un acto religioso. Y por otro lado la dedicación literaria tiene algo de vocación religiosa en el sentido de que exige una serie de renuncias, de sacrificios, de preparación, una ascética y una mística”
Este cristiano viejo , tan moralmente correcto, ha decidido ponerse de la parte más débil del último conflicto, de esa minoría de seres, los controladores, indefensos ante más de cuarenta millones de compatriotas y de un gobierno infame que “castiga a los controladores
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